Imperdible entrevista en ocho segmentos- Clikear en cada una de las partes para ver en youtube.
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4
Parte 5
Parte 6
parte 7
Parte 8
lunes, 30 de mayo de 2011
miércoles, 25 de mayo de 2011
MARCELO DUGHETTI
Requiem (inédito)
Los caballos de Isabel
El monte de los árboles sogueros
Esa Joroba de bronce
Pertenecientes al libro Requiem(inédito)
a)
Los árboles me aturden, se queman, me aturden
Confunde a los malditos sereno planeta de la noche
Es hora de llegar hasta el agua y beber las imágenes temblorosas
Al costado los lirios crecerán desamparados. muchachos oscuros
Espalda con espalda mi mujer y yo somos torturados
Los arboles se queman, me aturden, se queman
No quiero escuchar a los arboles
La culpa infinita, el infierno que me ladra su capellán rabioso
El momento de un mirada en el centro mismo de otra mirada
Los ojos del almirante muerto, el vuelo de esos aviones.
b)
En el día de la lagrimas y el polvo
dulce planeta de la noche
Hazte cargo de mis cenizas
Partículas de miedo escarchan las superficies del agua
Gozo de los arboles fríos
y el monte en silencio
Descansa
escombro de la humanidad,
descansa.
c)
Que escribirás ahora lejos de la música, señor de los caballos angélicos
Que podrá decir tu voz en penumbra.
de la vida muerta en la cuneta,
en el fondo del mar ,
en las fosas comunes,
los gusanos hirviendo,
las moscas,
su cabellera.
Golpeamos a las iglesias con el puño de una madre
¡Señor gritamos!
¡Señor escúchame, estoy cansado!
Cansado de oír los arboles
quejarse confundidos entre las llamas
Señor
abre la puerta
Estamos
solos
e)
Gloria a dios que a venido a buscarme sobre un listón de oro con su fauna desnuda
Gloria a dios que silba esa canción de Cohen y mira por la ventanilla del colectivo
Gloria a dios que se anticipo a todas las recomendaciones y se ha dispuesto a llevarme
Gloria dios porque en la furia de tu carro nunca serás un auriga rendido sino este recuerdo de higos y leche por la tarde soberana que tan gorda como la mujer de la plaza se adueña de la lluvia y el silencio
f)
El albañil ve pasar tres niñas con uniforme escolar
¿Sabes quién las partió a esas tres? dice
Después bebe una cola criolla con sabor a jarabe de farmacia
El compañero subido a una viga de ladrillos huecos observa a las niñas y
piensa en su hermana, en las tardes junto a la morera
En la fruta dulce y caliente que da ese árbol
Elena escribe
(A Elena Anníbali)
No puede Elena ser la poeta que es y dormirse preocupada de sus dos trabajos
La escuela donde le dice “buenos días” a las mentes de esos niños
La caja de un supermercado moliéndole la espalda por la tarde
Yo prefiero que maneje por la 36 escuchando la soja matar todo lo que nos rodea
Recordándome un pasado glorioso de adolescentes, caballos
y grutas exquisitamente profanadas.
h)
Un cáncer mutila a mi madre
Estoy viendo moriri parte de mi mismo y no atino a llenar el vaso de agua que me pide
Mi madre, su mesita de luz,
el sonido de un salmo que habla de cosechar con dicha lo que se siembra con sufrimiento
La tarde se pega a los huesos en una luz fría
“Toda carne es como yerba la yerba se marchita y la flor cae”
- Mama no es 10 de abril, no es 1868 ni viernes Santo
Pero estamos en la catedral de tus misterios
Y Brahms sonríe entre bastidores
Joya de tu corona los hijos que has olvidado
Reina mía embarca, yo empujare la nave por el agua aceitosa
No habra monedas en tus ojos(quiero que veas y recuerdes, es mi venganza)
Solo un coro de voces extrañas despidiendote en la costa
Tu casa será quemada para que no vuelvas y en honor de los días que vendrán
Levantaré el mármol de tu recuerdo donde crecerán flores silvestres y amargas.
i)
Es noche de sábado
acá en la esquina anda caminando con un cuchillo envuelto en un trapo “El mano
Sucia” dios de los degüellos reencarnación de un salvaje país de marlo.
Que busca le pregunto sentado en los pilares de mi casa
¡Un perro! grita
¡Un perro blanco de cara manchada y patas largas!
¡Un perro con la costumbre en el nombre de matar lo que pase!
j)
Hay algo en jaqueline Dupre que ensucia los vidrios de la casa
Como después de esas lluvias tenues
Te veo desnuda flotar entre las lechugas y los zapallos
Estás tan muerta así
Brilla la alianza que elegiste
de plata con una línea de oro al centro
k)
Mi hija
sentada al borde de la infancia
con un sombrerito de diario
y zapatillas de raso
nos mira trabajar la angustia
la madre
canta sobre la maquina
y el fuego de la estufa
se duerme
Ahora
los tres
La niña
desde el borde
La madre
desde la maquina
Y yo
desde el silencio
Oímos caer la tarde
Como si lloviera.
h)
Los muchachos
bajan urgentes de esperma y gasolina
a los sucios galpones que a media noche arde
el cuarteto desdibujado por la tristeza próxima
de aquella pálida muñeca
Así se vive y se muere
en las altas llanuras de la soja
extrañados
con el cigarrillo a manera de rustico sahumerio
perfumando con el tabaco las estancias de la sala
confundiendo las coronas,
los breves ramos
su reino.
Poemas de Los caballos de Isabel
abro la canilla del piletón y bebo el agua,
la escarcha del pozo.
Fumo
en la penumbra.
La brasa
dice que estoy allí.
Un llamador de ángeles en la tormenta.
Isabel despierta de la siesta
entra con cinco caballos en las manos.
Cinco caballitos de un solo ojo,
cíclopes en la belleza de un trazo débil
Despedaza el atado de cigarrillos y recorta coronas,
unge príncipe al más triste.
El pájaro sobre su hombro asiente.
Todo es solemne en la cocina.
Los acompaño en silencio.
Poemas del Monte de los árboles sogueros
escribía
con la soga al cuello,
Con la soga al cuello
compraba tomates y cebolla,
armaba la ensalada con la soga al cuello.
Con la soga al cuello salaba su carne,
ponía la mesa, exprimía un limón, prendía el televisor, besaba a su hija,
y sonreía
con la soga al cuello.
Todo eso
y más,
sin que nadie viera,
el elemento,
la sustancia,
Cuando la soga
trepo a la viga
todos golpeaban su frente
como si hubiera sido posible salvarlo.
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Folkner deja de escribir.
Con mi hija
construimos un barco para escapar
al centro de la tierra
Todos los domingos le agregamos detalles
mi madre
encerrada en su urna de hueso
suele desearnos suerte
nos prepara un te de odio
y lo sirve envuelta en su capullo.
Cuando llega la noche
y el lunes muerde con su pan de furia,
miramos con ternura el barco fantástico
la cruz de palo santo
el osito rojo en la cabecera
la dulce mortaja
que cubrirá el futuro.
En varios idiomas existen palabras bestiales
que repiten los poetas como si las hubieran vivido.
Existen imágenes que voltean la taba de culo
Yo riego la maceta para que el arbolito crezca
después le corto las ramitas,
que no se extralimite
Soy un marica japonés
kimono
alma
bonsái
Arigato.
cualquier
desgraciado
compra
una
s
o
g
a
cualquier
ministro
desolado
traidor
viudo
ciego
hambriento
compra
una
s
o
g
a
el futuro
del
frío
es
infinito
I)
Con la maquinita de hacer suicidas
anda el ángel que conoces
cuando le silbes como a tu perro
y obediente acuda con su caja de herramientas
no dejes que el elija
no permitas que goce
que
duela poco
que
sea rápido
y
efectivo.
Es bello el hombre que abraza el acero con papel de arroz
y se desgarra el vientre en luminosa mueca.
Habla el blanco paso del cisne sobre las sombras
y el agua y la sangre se encuentran
Es bello el hombre que hacia el oriente
bebe el sol y olvida al mundo
Entre las hojas caídas
el viento
también canta.
El filo de dios
Mi madre usaba un cuchillo de acero divino
Un cuchillo forjado en la venganza de dios
Con la herrera ilusión de lastimar al mundo.
La puerta
Los hombres que entraban al infierno cantando
Los hombres que brotaban del infierno cantando
Nunca creyeron la advertencia del Florentino
Confesión
Yo era un cíclope
entre mis hermanos
Y escribía
con los dientes.
Naturaleza muerta.
La manzana negra y triste
abierta en mitades dispares
alumbra de horror
la mesa de agosto
Sobre la mesa
los brazos del hombre
sobre los brazos del hombre
el mundo.
Un claro día
Mi madre corta sus senos
en proporciones perfectas
somos cuatro
mi madre nunca fue injusta
Oral I
La
Mujer
Que se arrodilla
ante
mi
Y
bebe
de
mi
abrió
entre estas piernas
un surtidor
de
oro
Nota: Agradecemos a Marcelo el excelente material que nos envió, su generosidad.
Marcelo
Luis Dughetti nació en Villa María (Argentina) en 1970. Es maestro de
enseñanza primaria y Técnico Superior en Comunicación Social.Ha publicado
cuatro libros de poesía : La joroba de Bronce (2003), Donde cayó
esta muerta (Premio Provincial de Letras-2003) El monte de los
árboles sogueros (2007) Los caballos de Isabel (2009)y en narrativa
perteneciente a la colección Proyecto para un diluvio, el libro La
bicicleta roja (2007).Recientemente ha compilado, para la Universidad
Nacional de Villa Maria, una ntología de escritores del sur cordobés. Fue
fundador de las revistas literarias La araña de Carbón y Arena.Sus
trabajos han sido comentados en diferentes medios gráficos como Pagina 12,
Revista Inrockuptibles, Diario de Poesía, Diario La Capital, Diario El
ciudadano y Revista Alguien Llama, entre otras.
La tierra natal - Anna Ajmatova

No la llevamos en oscuros amuletos,
Ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella,
No perturba nuestro amargo sueño,
Ni nos parece el paraíso prometido.
En nuestra alma no la convertimos
En objeto que se compra o se vende.
Por ella, enfermos, indigentes, errantes
Ni siquiera la recordamos.
Sí, para nosotros es tierra en los zapatos.
Sí, para nosotros es piedra entre los dientes.
Y molemos, arrancamos, aplastamos
Esa tierra que con nada se mezcla.
Pero en ella yacemos y somos ella,
Y por eso, dichosos, la llamamos nuestra.
martes, 17 de mayo de 2011
Roberto Juarroz - Poema 16
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