martes, 9 de febrero de 2016

Cuaderno del apuntador - Juan Andrés García Román




Un botón en lugar de un dogma o de una idea. 
Abotonar las cosas a sus usos. 
Un botón que une la espalda del pijama de aquel que duerme al colchón. 
Otro botón que une la palma de los guantes del soldado 
con la parte lateral de sus muslos, para que forme y se cuadre. 
U otro, por ejemplo, que une la palma de un guante con la de otro guante 
para obligar al rezo. En definitiva, una sutil dictadura consistente 
en botones dispersos por la piel de las cosas.




De Riverrum
Juan Andrés García Román (Granada, 1979


lunes, 25 de enero de 2016

Hugo Zonáglez, Días perfectos





Síndrome de Allison


No sentir la ingravidez
es lo más tormentoso en estos días
no por tolerar
la atrofia
los mareos
la pérdida de peso
las alteraciones del sueño
sino por el hecho
de no volver a ver
los glaciares y los desiertos
las estrellas y los planetas
con certeza
mi corazón
es más grande allá.



Música gris

Sabíamos capturar
el sonido de la lluvia
acostados en la cama
cuando apenas
abriamos los ojos
podíamos escuchar
las gotas en el suelo del patio
como diminutos aviones kamikazes
que dejan la vida por sus convicciones
la misión era
no levantarse
permanecer
entre las sábanas
hipnotizados
por la música gris del día



Dr. Jekyll/ Mr. Hyde

Cuando la sombra más oscura
me alcanza
en el momento en que la noche
se despedaza como un gajo
y me permite entrar
me hace sentir
que soy parte
de su negrura
los rasgos
empiezan a marcarse
el tono de voz cambia
se hace fuerte
denso
y caigo en la única cuestión
¿hasta dónde seré capaz de llegar?



poemas de Días perfectos, ediciones del Dock, 2015

Blog: huellasenlacienaga.blogspot.com.ar




viernes, 1 de enero de 2016

Aguardiente - Jorge Boccanera




Ella estampa su boca en un papel y cierra
lo que queda del día
Duerme plácidamente, la cabeza apoyada en un cactus
en la misma ciudad donde pido socorro.
Ella apoya la sangre en palabras no dichas.
Abandona su boca en el papel, rostros que se destiñen
en su lengua, vidrios del aguardiente, gente de no fiar.
Recorren la ciudad esos papeles, flotan sobre los
altos edificios.
Yo soy el distraído, el que vive sin ver
explosiones nucleares debajo de la tierra.

Ella puede llevarme de la boca, tatuarme un cuento
antiguo, golpear el aire con una breve ola de rouge.

Sabe que puede bailar en un susurro
y darme entre los ojos con los ojos cerrados.



poema del libro Bestias en un hotel de paso

jueves, 17 de diciembre de 2015

conversación íntima, Paula Meehan



traducción de Gerardo Gambolini 


Estas noches calurosas de verano susurro
aventuras, citas amorosas, lechos de brezo
en los que me gustaría tumbarte, playas remotas a las que podríamos escapar,
ver las chispas de la fogata
mezclarse con las estrellas.
Quiero que sigas vivo hasta que los dos
nos encontremos de nuevo,que esperes,
que ignores los chismes que intercambian
sobre mí en el mercado.
Recaigo en el cliché, el cambio chico
de un verano adúltero,
las tramas de películas mal hechas,
las teorías de relámpagos eléctricos,
cómo me haces arder la planta de mis pies
cuando acabo.

Lo que no escuchas es la otra voz
cuando ella habla a través de mí
más allá de la piedad o la clemencia humanas.
Ella te desea. Puso sus ojos sobre ti
la primera vez que te vio.
Y yo soy impotente,
una esclava de su capricho. Ella
va a tenerte. ¿Qué puedo hacer yo
cuando habla de piedras de río blancas,
de grutas mágicas, de sus pájaros sagrados?
Sé que una vez despedazó a un hombre,
miembro por miembro, con sus propias manos
en algún rito de su sangriento pasado.
Se me revuelve el estomago ante el intenso
hedor implacable de su historia.

Las noches en que miras fijo afuera
muerto de miedo detrás de la máscara,
pienso que tal vez la oíste hablar:
te das cuenta de que montas un demonio,
de que la oscuridad no tiene fin.
Aunque yo no deseo causarte dolor,
no puedo garantizar sus intenciones.
Temo que ni todas mis artes curativas puedan aliviar
la herida que ella te tiene reservada.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Jotaele Andrade, 2 poemas






la forma de tus manos


todavía es demasiado pronto para hablar
sobre tu ausencia

aún cuando los árboles se hayan
inclinado
hacia su sombra
incontables veces

que se haya lacrado el idioma con que te entendías
con el mundo

no me resisto a tus cenizas
a la porosa desnudez de tus huesos
a tus extrañas manos desliadas
de cada objeto

pero reconstruirte
esforzándonos en los detalles
en tu modo de exhalar el humo del cigarrillo
o de sentarte
es un esfuerzo inútil
es muy pronto para tallar tu corazón en mármol
para dejarte a la deriva en la memoria

siempre se adelantan otros muertos
otros rasgos
quizás más urgentes

sucede ahora que mi vida se aja
y recobra
o intenta recobrar
aguas lejanísimas
voces
cosas realmente sepultadas bajo tantos años

no contradigo tu carne disputada
tu sobrenombre flotando entre la niebla de los años
como un madero
sobre el que nadie sobrevive
o que jamás reverdece

no
sólo quiero decir que el mundo todavía tiene la forma
de tus manos





poema a mi niña sin nacer 


yo sé que te buscas
que pateas furiosa en la nada
que te revuelves en mis células
y me llevas a tu madre
a la dura tarea de darse con el otro
sin matarse
que me sabes ridículo
y me perdonas los días disipados
bien sé que me odias con todo el amor
que yo no puedo
que me clavarías un cuchillo en la garganta
para atravesarme todo tu dolor nonato
tus ganas de chillar por un muñeco
por el miedo
o la fiebre
escúchame
pequeña mía
aquí comparto el sol con asesinos
desmenuzo un pan de angustia
para los pájaros que prefieren mis ojos
me doy con una mano fácil
de herir
o de tomar
escúchame
entre todos los soles
hay uno que es nuestro
y tiembla como un fósforo en la tormenta
admiro y repugno toda la ternura
de que soy capaz
sólo por verte
todo el coraje
del que soy capaz
al arrancarte de mi sangre
y de otra sangre
la vida no te necesita
pequeña mía
quién sabe cuántos caracoles
pisarás
por distraída
qué animal puede caer bajo tu furia de niña
cuántos corazones podrás romper porque eres terca
y te pareces a mí
nadie te necesita aquí
sólo tú misma
tu sombra que te espera bajo el sol
tu deseo de estar descubriendo si es cierto
el esplendor de cada cosa
yo no te necesito aquí
ya tengo mi muerte
para que vengas a desconsolarme
todavía
mi hermosa
olvídate
de atravesar el desquiciante aroma de los duraznos
la niñez
los muslos que arden
lo triste de amar
olvídate
pero
insiste
trepa a los órganos del día
a sus brazos de sol
a sus pupilas exasperadas por tanta existencia
a las tripas donde la muerte
da su olor
insiste
insiste
y llega
y mátame y vive
finalmente


jueves, 23 de julio de 2015

Valeria Pariso, sentada en el fondo de su casa




XX


Ahí está:
sentada en el fondo de su casa,
llorando en camisón,
fumando otra vez
después de seis meses
de esfuerzo sobrehumano
por controlar las ganas,
tirada en el único rincón con sombra
a las tres de la tarde,
tratando de entender
desesperadamente
cómo fue que a él
después de tanto tiempo
se le ocurrió
dejarla por teléfono.



VII


 Los padres de Elise Cowen
quemaron sus poemas. Sólo se salvaron
83
que guardó un amigo.

Yo no soy beat, mi amor,
pero quién está a salvo.

Hay que guardar un poema
empapado de lluvia,
por si la locura,
por si los padres,
por si el mundo,
nos queman, mi amor.



XXXV

Las mujeres de mi familia son macizas.

Ellas
lograron refinanciar las hipotécas,
pelearon contra el cáncer,
se pusieron a sus hijos en los hombros
y salieron sin agua
a sembrar el desierto
de las separaciones y viudeces.

Yo tiemblo. Todo el tiempo.




XXXVI

Si solamente fuese
la sed lo que nos dieron,
la extraordinaria sed.

Pero no,
qué hacemos en la vida
quién nos dice qué hacemos con la vida
sabiéndonos en la otra orilla.




Poemas del libro "Paula levanta la persiana" (Ediciones AqL)



Valeria Pariso, Buenos Aires 1970. Abogada.
Publicó "Cero sobre el nivel del mar", ediciones AqL.
Antologías colectivas "II Colección de Autores Contemporáneos - II Certámen de poesías, cuentos y cartas de amor", "Poesía encontrada" (2007), "Vuelo Íntimo" (2008) y "Lunario" (2008)
Blog: www.tantotequeria.blogspot.com








domingo, 12 de julio de 2015

Marianne Moore, cuando compro cuadros



Cuando compro cuadros
o- lo que está más cerca de la verdad-
cuando contemplo aquello de lo que me puedo imaginar dueña,
prefiero lo que podría darme placer en cualquier momento:
la sátira de la curiosidad en la que sólo es discernible
la intensidad del ánimo;
o justo lo contrario – la antigüedad, la sombrerera con adornos medievales
en la que aparecen sabuesos con cinturas que se estrechan como la del reloj de arena,
ciervos, aves y gente sentada.
Puede ser simplemente una losa, tal vez una biografía literal
(con letras espaciadas, sobre una especie de pergamino),
una alcachofa con seis tonos azules, el tripartito jeroglífico con patas de agachadiza,
la cerca de plata que protege la tumba de Adán o Miguel tomando a Adán por la muñeca.
El énfasis intelectual demasiado estricto sobre cual o tal cualidad
merma el placer.
No debe pretenderse desarmar nada, ni tampoco debe honrarse a la ligera el éxito generalizado,
aquello que es grande por que otra cosa es pequeña.
En conclusión: sea lo que fuere,
debe estar “iluminado por miradas penetrantes en la vida de las cosas”,

debe reconocer las fuerzas espirituales que los crearon.