jueves, 9 de julio de 2015

Gabriel Pantoja, algunas prácticas poéticas


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no sabré si esto es una novela:
dispuesto sobre la mesa está el dios miniatura de las piedras.
yo abriendo las paredes mentales de un muchacho que viaja en el 33 y
sueña secuencias de un solo día. sueña conmigo.
sueña las 33 impresiones fotográficas de la chica cancán, la infinita
extensión de dos piernas como ríos cruzados que lo envuelven, ese bramido furioso de la tarde del martes donde me copio los gestos de padre, ese
vidrio de luz rota con que accidenté  el estado natural de mis cosas: yo
era el que estaba en la habitación tirando los pájaros.
y vos dormías.




20

sucede todo junto:
plaza chica colectivo novela sol de las cinco. dios piernas cancán 33 páginas
mentales de la escritura piedra.
en el colectivo abro una novela. el colectivo cruza la plaza circular. veo
a la chica. veo que el destino es un banquito y un ángulo. piernas largas
como ríos vestidos de rojo a cuadros.
estaba viendo el mundo desde una montaña luminosa. yo soy mi hijo.
porque está todo junto, separar. salgo del colegio. sucede plaza
con chica y sol de las tardes.
pronto dios piernas cancanes líquidos y tubo metálico del 33 con copias
mentales del personaje principal de donde viene la piedra. yo: los rotos cristales
de mí. escribo el diario de mi isla.
ahora el sueño de un golpe que se abre en forma de tres corderos y una
puerta.
hay esas luces de la plaza. hay un padre repitiéndome los gestos. yo veo el
destino en la perturbación de las esquinas. en las láminas de un vidrio la
cicatriz de un nacimiento. piernas y pájaros como ríos bermejos y a cuadros.
veo el mundo desde una mesa luminosa y simultánea. el laberinto de
varias cabezas es mi unidad. con campos y animales y plantas.
soy mi futuro.
soy esta última criatura. soy el que vuelve como el latido del golpe de una
ley muriendo al encenderse en la punta de los martillos.
estoy llegando demasiado tarde a esa fiesta.
tengo 35 años. salgo del colegio.




29

sentí horror y pensé:
el hueso reflejo de un hermano, la espina mujer de mi órgano, haberme
tirado sobre la tierra como un reptil gozante, abierto en canal, doblemente
abierto al cableado corazón de un animal oscurecido, al derrame
de una luz en el ácido de sus partes.  cruzó en ese instante el colectivo.
ahora todo aumentó y yo que era tan chiquito empecé a pedir.
resulta que hubo miedo. y después más miedo. y  eso fue pensar.

futuro es hendir la tela del espacio por la que arrojaremos como letreros 
en la oscuridad de la noche la bola del lenguaje



32

en la superficie que constituye el ahora hay una línea yendo hacia
atrás, otra que va hacia mí, y una siguiente es tuya.
ayer se juntaron.
yo quedé oblicuo.

















Gabriel Pantoja, Córdoba 1978. Licenciado en Psicología, practica el psicoanálisis y otras poéticas. En 2015 editará su primer libro de poemas adolescentes escrito a los 35 años. 





(fuente Festival Internacional de poesía Córdoba)

domingo, 5 de julio de 2015

Pablo del Corro, un descuido de los otros






Aún en pleno invierno
el día nos entrega un mínimo de sol
cuando se abre la tarde
Hace unos años sé
que a él le gusta salir a esa hora
Mantenemos un respeto animal en el encuentro
El tiene sus rutinas yo tengo las mías
Coincidimos en el placer de ese mínimo de sol
cuando se abre la tarde
A veces me retraigo
me quedo dentro, animalmente
Pensé -por qué no- que él haría lo mismo
Eso justifica no extrañarlo si no lo veo
y alegrarme si aparece
Y me conforma
Pero ayer fue distinto
Sentí un temblor cuando nos vimos en el patio
Alguien llamó a la puerta y me distrajo
Era la otra viuda de un amigo
Apereció después de tantos años
a reclamar por cosas que no tengo
Volví al patio
Lo encontré debajo de unas tablas, tieso
Pensé en mi amigo que murió en silencio
y en las manos apretadas de mi madre
Acaso la muerte sea eso:
un temblor, un mínimo de sol en una tarde
Un descuido de los otros
Una bolsa negra, de nailon










martes, 9 de junio de 2015

Amor, Wang Xiaoni







En este otoño frío ah

tu mano
no puede hundirse en agua fría
tu sobretodo
debe ser planchado diariamente
el suéter que tejo y tejo y nunca termino
milagrosamente avanza hacia adelante
hacia el momento en que debe ser usado

en este otoño frío ah
querés estar siempre inmaculado
la risa y la charla
desconciertan a buenos y malos
por igual
sonrío y hablo
agarrándote de una mano
nos meto en cualquier hueco
donde haya gente
Tendría que haber dado origen a un pájaro de grandes alas
pero ahora
tengo que encogerme de hombros
y convertirme en un nido
permitir a esos que dudan
en levantar la cabeza
que miren
el peso del cielo
hacer que atraviesen
el encogimiento del corazón
este otoño frío tan frío
que obliga a movernos
este duro crudo amor
nuestro




jueves, 7 de mayo de 2015

Franco Rivero, vos ahora voz



Paradojas

el amor come palabras
termina siempre antes
de digerirlas por completo

las palabras comen amor
lo digieren por completo
y no terminan nunca

  •  


preparo la cena

riña doméstica si las hay
la de escucharte
hablarme fuerte
mientras cocino
sin romper los platos
ni tirar nada
picar las respuestas
con la cebolla
el morrón
el ajo
la verdad que no hacía falta
trozar así el pollo

más tarde
dormiremos juntos
me vas a abrazar
voy a abrazarte
haremos
más que eso
mentiremos
que hacerlo
con esa energía
significa
mucho

  •  


soy normal

soy normal
me pongo pelotudo cuando llueve
digo que no me gustan las fechas
que estoy en contra de ellas
pero me pican de lo lindo
lloro con ciertas películas
con ciertas canciones
que pongo a propósito
para llorar

me cuesta un perú comer solo
pero hago esa mesa como hago la cama
para mí solo
todos los días
y necesito decirme seguido está bien
así conmigo
está bien

el vacío de miedo
el vacío es todos los peros
aunque mastique como disfrutando
aunque ocupe toda la cama
plácidamente durmiendo
aunque mantenga la casa limpia
no hay forma
de que haga todo y no piense
que es
para mí solo

a veces escucho una voz
hago tanto silencio que el aire
parece una mano
la siento en el hombro






Franco Rivero nació en Corrientes en 1981.
Es Profesor de Lengua y Literatura, Licenciado en Letras – Universidad Nacional del Noroeste – y Doctorando en Semiótica, por la Universidad Nacional de Córdoba. Ejerce la docencia en el Chaco y colabora con publicaciones de Argentina. En poesía publicó Situación Desbridamiento Edición Ananga Ranga, Colección LSD – Letras sin Descarte – (2010) y forma parte de las antologías Ida y Vuelta, poesía contemporánea de Chaco y Corrientes (2007); Cuentos Inéditos, Profesora Adriana Rendo, Publicación de Norte y UNITAN, (2008) y Poesía Chaqueña: entre la tradición y la vanguardia, Imprenta Kram, Chaco (2009)




jueves, 30 de abril de 2015

Mariana Robles, el árbol de los reflejos





En la esquina del cuarto
donde aún duerme mi madre,
hay un ropero brillante
pintado con laca perlada
que refleja al revés el espacio,
lo que extraviado se dispersa
en la región de los rayos.
La luna, atravesando los vidrios,
las mantas, las lámparas encendidas
y otros objetos del reino de los sueños.
El retrato oval desde su lugar antiguo,
en el fondo de la cama
del respaldo matrimonial,
con la imagen de mis abuelos ya muertos.







En el tronco del árbol
hay un nudo profundo
un brote terrible y agazapado.
El padre de mi padre,
rey de los silencios,
en la perturbada congestión
de los acontecimientos
se suicidó.






Mi linda madre con reiterada ceremonia
mes a mes compra varios rollos de colores
para su doméstica cámara analógica.
Cuando mi hijo Valentino y yo vamos
a visitarla, cruzando el filo de las sierras,
ella nos espera con su obturador abierto
como una flor en éxtasis o a punto de morir.






Somos un documento
 húmedo y gris, entre
las cosas leves
que, relampaguean.





Mariana Robles nació en Buenos Aires en 1980 y desde 1998 reside en la ciudad de Córdoba. A finales de 2001 egresó de la Escuela Provincial de Bellas Artes Dr. José Figueroa Alcorta y en 2010 de la Licenciatura de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba. En 2010 publicó su primer libro de poesía Línea de Atlas (Alción editora). Desde 2002 expone su obra plástica en diferentes espacios independientes, museos y galerías de la ciudad de Córdoba.



Los textos forman parte de El árbol de los reflejos, libro correspondiente al Premio Provincial de Córdoba género poesía 2012





miércoles, 22 de abril de 2015

Dolores Etchecopar, El comienzo








Hay un espacio entre mi madre y yo
tiene una piedra
allí encontré al cartero llorando





te quiero hasta el cielo
porque en lo azul en lo rosado
en la nube blanca ya no estamos
vos y yo tan separadas
como acá tan dolidas
que cuesta tocar la risa tocar el corazón
y el cielo está para que yo te quiera
hasta la tierra
donde me falta reunir en uno solo
los dos ovillos los dos colores
tu hebra y la mía
harán la trama del tiempo que queda





cuando empecé a escribir
el poema a mi padre
vino mi madre
me tocó el hombro
no pude verla y seguí escribiendo
el poema del padre
el padre que escribía frente a la ventana
tampoco la vio
desapacible en la cornisa
ella abrió las manos
soltó el corazón de mi padre
soltó el mío
y no la vimos




tu muerte y mi vida
están sucediendo juntas
se extrañan
se crían




antes de morir
mi hermano mayor descorrió
el telón de su ojo de fotógrafo
me pidió que no me moviera
que mirara fijo
con la flor detenida de su vida en mi mano







Dolores Etchecopar, poeta y pintora, nació en Buenos Aires en 1956. Ha publicado los libros de poesía: Su voz en la mía (Corregidor, 1982) La Tañedora (El imaginero, 1984). El atavío (El Imaginero, 1985). Notas Salvajes (Argonauta, 1989) y Canción del precipicio (Grupo Editor Latinoamericano, 1994). Dirigió los espacios culturales Beckett y Santo Cielo.

martes, 17 de marzo de 2015

Juan Tardivo, sólo queda decidir quién se despide primero




Cuando quise separarme de vos
ya era tarde
nos habíamos convertido en
un cuerpo de dos cabezas
que, desnudos frente al espejo, veíamos al otro
así que ahora, solo queda
decidir quién se despide primero
quien es el más débil
el menos apto para soportar
los embates y la congoja .
no es que te estoy persuadiendo al sufrimiento
sino que, estoy confirmando la masacre
el corte final que nos separará para siempre
y así, cada uno irá por su lado
tu, te convertirás en el mártir de las madres
y yo, compartiré el lugar de las odiadas
pero nadie sabrá que
en este acto
este pequeño acto de amor
nos salvará para siempre.








Juan Tardivo nació en Río Cuarto (1986). Estudió Arte en la Escuela Libero Pierini de su ciudad natal. Ha participado de diferentes muestras colectivas y ha sido distinguido en diversos concursos de artes plásticas. Explora en el campo del videoarte. Realiza estudios de escritura creativa y teatro. Es integrante de la Editorial Cooperativa Dínamo Poético.